Notas!

lunes, 31 de diciembre de 2007

Ser Feliz

Lo primero que tenemos que saber es qué es la felicidad La felicidad desde el punto de vista neuropsiquiátrico Esa felicidad ciega que se empeñaba en mantener el médico de nuestro relato y que consiste en la negación de todo dolor y sufrimiento es tan falso como efímero. Sus murallas son frágiles; tarde o temprano sucede algo que las derrumba y tenemos que gastar buena parte de nuestra energía en reconstruirlas una y otra vez mientras se empeñan en desmoronarse ante nuestros ojos. Algunos recurren a las drogas y el alcohol, a las largas y continuas horas de diversión. Salir a la calle, centrar su atención en otra cosa, olvidar esa tristeza, esa insatisfacción que aguijonea sus corazones en cuanto bajan la guardia. Desterrar de la mente todo sufrimiento y preocupación sigue siendo una de las metas principales de mucha gente. Vivimos en una sociedad donde la consecución del máximo bienestar es casi un imperativo. Pero la felicidad no es la ausencia de dolor, no es tenerlo todo y que cualquier cosa que hagamos nos salga bien, sino el hecho de percibir sentido en eso que tenemos y hacemos. Es esa sensación de que nuestra vida tiene sentido la que nos llena de satisfacción y de energía. ¿Qué hace que nuestra vida tenga sentido? ¿Cómo logramos eso? Nuestro camino hacia la felicidad comienza con la seguridad de nuestras necesidades básicas tanto fisiológicas como psicológicas. Entre las primeras se encuentran aquellas que aseguran nuestra supervivencia, como cobijo y comida (pues no hay duda de que para ser feliz hay que estar vivo primero). Cuando éstas no están satisfechas puede resultarnos más difícil centrarnos en las necesidades psicológicas esenciales, pero ambas son necesarias para nuestro bienestar y satisfacción y no se excluyen mutuamente. Las necesidades psicológicas primordiales son las siguientes: 1. Libertad y autonomía: es la sensación de que lo que hacemos lo hemos elegido libremente y no nos hemos visto obligados a ello. 2. Creer en uno mismo: esencialmente significa tener la certeza de que somos fieles a nosotros mismos y hacemos aquello en lo que creemos. 3. Mantener relaciones personales satisfactorias. 4. Sentir que somos competentes en algo. Los dos primeros puntos son, posiblemente, los más complicados, pues muchas veces sentimos que la vida nos arrastra en una dirección que no es la que elegiríamos libremente, y mantenernos fieles a nosotros mismos no siempre es fácil. ¿Cómo lograrlo? La clave está en el autoconocimiento Es muy difícil que una persona sea fiel a sí misma si no sabe quién es, si no tiene claras sus metas en la vida, sus deseos, su vocación. Si nos preguntamos qué es lo que hace que nuestra vida tenga sentido, la respuesta a esta pregunta está en nuestro propio interior, en el lugar donde se encuentra nuestra verdadera esencia, nuestro yo más profundo, nuestra vocación, la fuente de nuestra vitalidad y la fuerza que nos empuja en una dirección determinada. Cuando lo que realizamos con nuestra vida está de acuerdo con nuestro verdadero yo y estamos totalmente comprometidos con lo que hacemos, es entonces cuando nos sentimos más vivos y más auténticos que nunca, porque nos estamos permitiendo ser quienes realmente somos. La felicidad al estilo más hedonista es pasiva, implica estar tranquilos, lejos de los problemas, pero es probable que tengamos que pagar el precio de ver reducida nuestra vitalidad, que ha dejado de ser necesaria, y va menguando en nuestro cuerpo y en nuestra mente mientras ese estado de sopor que acompaña a la quietud la sustituye. La verdadera felicidad, en cambio, está más asociada con el reto y el esfuerzo. Primero es necesario conocerse lo suficiente como para descubrir nuestra verdadera naturaleza y vocación y después es necesario luchar por realizarnos de acuerdo con ella. el miedo a conocerse El camino hacia la felicidad nos exige ser fieles a nosotros mismos, pues quien se miente a sí mismo jamás sabrá quién es ni hacia dónde se dirige. Pero oculto en lo más profundo de nosotros está también nuestro lado oscuro, lo que más tememos, lo que no queremos admitir, ni ver, ni saber; nuestros traumas del pasado, nuestras dudas y debilidades, nuestra vergüenza. El joven protagonista del relato jugaba a ser médico en un hospital de apariencias, mientras su verdadera vocación se iba atrofiando, hasta que se abrió la puerta del ala oeste. ¿Qué había tras ella? Probablemente la verdadera enfermedad y la miseria; personas desahuciadas que necesitaban algo más que una operación de apendicitis; el enfrentamiento con la muerte. Tal vez meterse de lleno en ese mundo y tratar de hacer algo por sus tristes habitantes era la verdadera vocación de ese médico, aquello a lo que le empujaba su verdadero yo. Quizás un camino doloroso, pero el suyo, aquél que le habría provocado satisfacción y felicidad si hubiera tenido el valor de atravesar la puerta y enfrentar sus miedos. ¿Y cómo son las personas felices? - Mantienen relaciones personales de calidad (aquellas en las que nos sentimos comprendidos, nos divertimos y podemos expresar nuestros sentimientos). - Realizan un trabajo que les aporta satisfacción personal. - Son más abiertas a las experiencias y piensan que controlan los acontecimientos de sus vidas, mientras que los más infelices se ven como marionetas del destino y tienden a reprimir sus emociones. - Tienden a ver las cosas de forma más positiva, se ven menos influidos por los resultados negativos y tienden a rechazar más las oportunidades que no están disponibles para ellos. - Se ha visto que la edad, inteligencia, estatus social, ingresos y educación no parecen tener mucha influencia en la felicidad de la gente. - Cuanto mayor sea la salud física y mental, la resistencia psicológica y el nivel de energía; mayor felicidad. Pero, si además vivimos en un país rico y moderno, tanto mejor. Si embargo, ¿qué pasa si no tenemos todo esto? En ese caso la clave está en aprender a ser felices con el mismo proceso de búsqueda de felicidad y a través de nuestro camino, más o menos tortuoso, hacia ella, (siempre y cuando caminemos la senda de nuestro verdadero yo). Porque si la felicidad nos resiste, bien sabido es que la esperanza se encuentra en todas partes. El camino hacia la felicidad Hasta ahora hemos hablado de la importancia de conocerse a uno mismo. Ahora vamos a ver algunas técnicas que pueden ayudarnos en esta complicada pero fructífera tarea. La mujer loca: una historia acerca del miedo a la vida Guy de Maupassant escribió en el siglo XIX, un sobrecogedor relato de una mujer que permaneció en la cama sin hablar ni moverse durante 15 años a raíz de la muerte de su marido, de su padre y de su hijo recién nacido, en el plazo de un mes. Estalló la guerra y los soldados ocuparon las casas. El oficial al mando, un hombre violento y orgulloso, se empeñó en que ella debía levantarse y presentarse ante él. Como ella no respondía, ordenó a los soldados que se la llevasen y estos la alzaron, con colchón incluido, y la sacaron de la casa. Nunca más volvió a saberse nada de ella, hasta que el narrador de la historia se adentró en el bosque varios meses después, cuando los soldados ya se habían retirado. Allí fue a toparse por azar con un cadáver humano e inmediatamente supo que pertenecía a aquella mujer. Los soldados la dejaron allí, pensando que de ese modo no tendría más remedio que levantarse y volver por su propio pie, pero ella simplemente se dejó morir. ¿Por qué esta mujer no fue capaz de afrontar esas muertes? ¿Qué sintió? ¿Qué sombra emergió de las profundidades de su subconsciente? A veces, simplemente no podemos. No sin ayuda. Somos humanos y estamos limitados. Pero la mayoría de nosotros no estamos postrados en una cama negando la vida. Tenemos recursos, energía, salud, deseos de ser felices, de evolucionar y desarrollarnos. ¿Es que estamos capacitados para emprender el viaje del autoconocimiento, con o sin ayuda de otras personas? Comenzando el viaje: afronta tus sentimientos. ¿Qué hago? ¿Qué pienso? ¿Qué siento? Saber responder a estas tres preguntas es fundamental. Tenemos que aprender a estar en contacto con nuestros verdaderos sentimientos, reconocerlos, aceptarlos y trabajar con ellos en caso necesario. Eso supone analizarnos a nosotros mismos, pensar e interpretar nuestro comportamiento. 1. ¿Qué hago? Obsérvate; advierte tu comportamiento, tu forma de reaccionar ante los demás y ante las distintas situaciones de tu vida. Observa también las reacciones de los demás ante tu conducta. No vayas siempre por la vida olvidando continuamente tu pasado. 2. ¿Qué pienso? Observa lo qué pasa por tu mente en cada situación, lo que te dices a ti mismo. Trata de saber por qué piensas lo que piensas y no algo diferente, por qué adquieres ese punto de vista y no otro de los muchos posibles. Esto te dará una información valiosa acerca de quién tú eres. 3. ¿Qué siento? Analiza tus sentimientos cuando surjan. ¿Se trata realmente de rabia o hay algún miedo asomando detrás? ¿Qué es esa tristeza, de dónde viene, qué marcha mal en tu vida para que te sientas así? A veces sencillamente no sabemos lo que estamos sintiendo. Averígualo y ponle nombre. No tengas miedo de reconocerlo. Admite que son celos, envidia, resentimiento, miedo. Sólo admitiéndolos ante ti mismo podrás manejarlos de forma adecuada. 4. Tu reflejo en los demás Busca lo que más detestas o admiras en los demás; pueden darte una pista sobre tus virtudes y tus defectos. Si una persona te resulta odiosa es posible que estés viendo en ella una parte de ti mismo que te desagrada. Por el contrario, si te sientes atraído, por ejemplo, por los artistas, es posible que lleves un artista dentro que quiere salir al exterior. 5. Tus deseos ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué necesitas? ¿Están satisfechos esas necesidades y esos deseos? ¿Te estás dejando llevar por los deseos de los demás, por lo que deberías querer en vez de lanzarte en busca de lo que deseas de verdad? Hazte estas preguntas y respóndelas con sinceridad. Te ayudarán a vislumbrar cuál es tu verdadero camino. ¿Cómo puedes saber si estás siguiendo tu camino? Tal vez algunas de las cosas que nos suceden en la vida dependen del azar (que no existe en estado de pureza) y la suerte. Pero todos sabemos que no encontraremos lo que necesitamos si estamos buscando en el lugar equivocado. ¿Qué pasa si en este camino que es nuestra vida hemos seguido un sendero erróneo? ¿No es de esperar que en ese camino que no es el nuestro no encontremos nada que nos satisfaga por completo? Cuando una persona está siendo fiel a sí misma y está, por tanto, en su camino, encuentra más fácilmente aquello que necesita. Algunos se lamentan, por ejemplo, de ir a dar siempre con las personas equivocadas, que aparecen en su vida "por accidente", que son siempre el mismo tipo de gente inapropiada, con quienes no se sienten a gusto y que nada tienen que aportarle. No sólo en las relaciones, sino también a nivel laboral y en otras muchas áreas de sus vidas, la mala suerte parece perseguirles hagan lo que hagan. Quien está en su camino, en cambio, está siendo fiel a sí mismo y está mostrando al mundo su verdadero rostro, no un yo falso, por lo que no es extraño que atraiga a un tipo de personas que hacen que se sienta bien y le aporten algo. Por lo tanto, el principal indicador de que no estamos en el lugar correcto es esa sensación de que nada de lo que nos sucede, sea bueno o malo, es adecuado para nosotros y nuestro crecimiento. No obstante, aquí conviene recordar cómo los protagonistas de la conocida novela La Ciudad de la Alegría encuentran satisfacción personal en uno de los barrios más pobres y miserables de Calcuta, rodeados de muerte, enfermedad, suciedad y hambre. Da igual si tu camino es un lecho de rosas o un sendero de piedras y espinas. Te sentirás bien si estás viajándolo, porque es tu lugar en el mundo y el sentido de tu vida sólo lo encontrarás allí. ESTOS SON SOLOS DEFINICIONES DE MUCHAS PARTE PARA ENTENDER ESTO QUE A VECES ES TAN DIFICIL PERO A TODOS NOS PASAN Y SENTIMOS POR LA CABEZA Y EL CORAZON COSAS DIFERENTE, ESPERO QUE LE HAYA GUSTADO SIMPLEMENTE. SI ALGUIEN LO VIO COMO UN MANUAL A LA FELICIDAD NO ES ASI, SOLO TU PUEDES EXPLORAR Y ENCONTRAR LA FELICIDAD AUNQUE A VECES SEAN SOLOS MOMENTOS. ATTE. LEUKEMIAH

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