Esta mañana, el sol se asemeja a un disco de oro; la tibia brisa esparce en el ambiente el dulce aroma de las flores; la llovizna de anoche ya ha cesado, y las aves presurosas han abandonado sus nidos.
La tenue ventisca impulsa sus graciosas danzas. La misma luz amanecida se cuela en la arboleda colorida; y transito lentamente estos senderos acompañada de una dulce melodía; no es la brisa que susurra a mis oídos, es mi alma que canta de alegría.


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